sábado, 1 de octubre de 2011

"Fresas salvajes", de Ingman Bergman


   He cumplido un viejo sueño. Ver esta película de Bergman, y, como de costumbre, he salido impresionado. Como en toda su filmografía, los temas que trata son las profundas cuestiones que horadan la existencia humana.
  El protagonista, un médico célebre, que va a recibir un gran homenaje, pero al que no le salen las cuentas de su vida personal. En el viaje para ser agasajado, se enfrenta mediante sueños con toda su larga vida, que ha constituido un fracaso.           Al final, los aplausos están encumbrando a un hombre fracasado.
   Bergman nos azuza una vez más. Cuál es el verdadero triunfo de la vida? ¿No es cierto que el precio del egoísmo es la soledad? ¿No vivimos una moral que, a veces, nos aleja de los demás, una ética sin alma? ¿Cuál es el sentido de la muerte, hay algo después, existe Dios, cuál es el sentido del sufrimiento? En fin, todas las cuestiones que es bueno, a veces, plantearse, si uno no quiere convertirse en un superficial.
   Y el director sueco podrá ser de todo, pero superficial, me parece que no.

"De dioses y hombres", de Beauvois

   "De    dioses y de hombres" es una de esas películas que nunca se terminan, ya que siempre volverás a ella.
   En el aspecto formal, estamos ante la sublimación del cine como arte. Beauvois deja hablar a las imágenes. Los rostros de los distintos personajes suspendidos unos segundos en la pantalla , lo dicen todo. Y eso es lo que, algunos al menos, buscamos en el cine: que nos hablen las imágenes con su enorme poder de evocación. La luz tamizada y austera es otro acierto.
   Después, el fuerte simbolismo que rodea todas las escenas: desde ese mapamundi que aparece de fondo, hasta un paseo entre ovejas. Todo está cargado de muco más de lo que se dice o ve. Y eso es poesía, Particularmente, la escena del vaso de vino que beben los monjes que ya presienten su final. Bellísima escena que no deja de evocar la última cena de Cristo.
   Por otra parte, el mensaje de fondo: la religión, cuando se vive de manera sincera y auténtica, es un arma cargada de paz. En una visión nada maniquea (se acuerdan de Agora), el director nos presenta unos hombres de carne y hueso que se preguntan si han de llegar hasta el martirio.
   Y todo con la sobriedad interpretativa de quien sabe que, para emocionar, no hacen falta aspavientos ni lagrimones.
   En fin, un film que recomiendo muy vivamente. Cine del bueno.