domingo, 26 de enero de 2014

"Temporada de fresas", de Pilar Pardo

   En primer lugar, felicito desde aquí a la editorial “Isla del Sistolá” por su empeño de cuidar lo que publica con la garantía de la calidad, y de una sencilla pero cuidada edición. 
  Cuidado y sencillo es así mismo el verso de esta poeta murciana. Verso pulido, breve, equilibrado e intenso, que cumple el invisible manual del poema: decir mucho en poco, llegar un poco más allá de lo que las palabras pueden, ofrecer esa expresión que impresiona, que deja marca, huella, y que te obliga al lector atento a seguir su propio camino. 
  Observo en las nuevas aportaciones un cierto hartazgo del coloquialismo y la ”experiencia” que ha invadido el panorama poético español de los últimos años. A mí, personalmente, me alegra encontrarme una poética de corte algo más esencialista. 
  Pero lo que hace de “Temporadas de fresas” un libro verdaderamente original es su comunión con la naturaleza, su condición telúrica, su ambientación ecológica, de tal manera que la rama enlazada, la arcilla reseca, la ola que pasa, o la luz que enciende el oro de aquellos limoneros…, son en realidad una forma de hablarnos de la vida y de la muerte y del paso del tiempo. La palabra, así, se hace paisaje, para germinar ese pensamiento que no quizá no se pudiera decir de otra manera. 
   Por lo demás, Pilar Pardo nos deja perlas como esta titulada “Cumpleaños”: “Siento que a veces soy / el penoso residuo /de otro ser luminoso / con menos de diez años”. … Y parecía que no se podía decir más en este mundo sobre la infancia perdida.

viernes, 17 de enero de 2014

Ahora o nunca, de Jack Nicolson y Morgan Freeman

   Deliciosa e interesante película que protagonizan, mano a mano, dos grandes actores: Jack Nicolson y Morgan Freeman.
   Trata del problema de la vejez, de la enfermedad, y, en último término, de la muerte. En este caso, de la muerte que se sabe próxima. Los dos protagonistas buscan  todo tipo de experiencias antes de que el cáncer termine con sus vidas. Pero esas experiencias tampoco les satisfacen. Se dan cuenta de que, por muchas experiencias que tengan, lo que tiene que buscar, antes de morir, no son grandes viajes ni excéntricas aventuras (lo que la gente entiende por disfrutar de la vida), sino que tienen que saldar esas deudas, esas heridas del alma que no han supurado bien. Solo así encontrarán la paz.
   Es decir, lo que tienen que hacer no es vivir mucho para fuera, sino amar lo que no has sabido amar, tal como dice Fito en una de sus canciones.
   Es un toque de atención a la mentalidad actualmente reinante. En efecto, para no pocos, disfrutar de la vida quiere decir viajar, tener experiencias, conocer mucha gente, ver muchas películas, comer muchos platos o escuchar muchas canciones. Eso está muy bien, pero no es lo fundamental. Para disfrutar de la vida, simplemente hay que amar y sentirse amado. Suena cursi, pero es así. Lo importante no es, por ejemplo, ver amanecer en el Fujijama (que debe de ser una experiencia inigualable), sino compartir con alguien a quien quieres esa vivencia.
   Hay una escena, hacia el final, en la que Freeman está feliz, celebrando con su familia su regreso con una modesta cena alrededor de una modesta mesa, mientras que Nicolson trata de abrir un plato precocinado en su lujosa y solitaria casa. Como no acierta a abrirlo, comienza a golpearlo desesperado. Eso es cine. He aquí una gran película que dará mucho que hablar en un cine fórum. 

jueves, 16 de enero de 2014

"Soliloquios del auriga", de Juan C. Lozano

   Dicen que la poesía es el arte de los moribundos. El poeta destila versos cuando acumula demasiado tiempo a sus espaldas y solo tiene fuerzas para mirar el suelo. Juan C. Lozano, como quien esto escribe, ha pasado ya el meridiano de los cincuenta. Ha esquinado la cuadriga de su vida, y se ha atrevido a dialogar consigo mismo, mientras contempla sus jadeantes caballos. 
   “Soliloquio del auriga” está lleno de lucidez, del encanto que nos deja el reconocimiento de la verdad. Esa verdad que pugna dentro de nosotros, como un “alien”, y que acaba rompiendo el pecho e invadiéndolo todo de dolor y de belleza. Este poemario tiene un logro principal: tratar de un tema ya muy escrito como el paso del tiempo, pero lo hace de un modo, de alguna manera, nuevo. Está lleno de logros. Diría más: es un logro en sí mismo, porque inventa las preguntas que nadie se hace, porque no sabe o, por que en el fondo, no quiere. El soliloquio de Juan se pregunta, una vez y otra, sobre aquel tiempo en que “fuimos felices sin saberlo” y sobre el momento presente. ¿De qué estamos hechos?; ¿qué somos en realidad? “Estamos hechos de lo que no se cumple” y “somos aún una cuestión sin resolver”. 
   Quizá no le quede más remedio al auriga que embridar de nuevo los caballos y seguir en carrera, pero ya con la luminosidad acumulada en momentos de oscura belleza. Ideales, no sé si a nuestra edad pueda tenerse. Pienso que sí. Por ahora, Juan, puedes seguir escribiendo: nos harás a todos un favor inestimable.