miércoles, 13 de febrero de 2013

"La infancia de Jesús", de Joseph Ratzinger


   (Tenía ya preparada esta entrada para su publicación, cuando hemos recibido todos la noticia de la renuncia de Benedicto XVI. Sirva de homenaje a este gran hombre, pensador y Pastor.) 
   Las pasadas navidades tuve la ocasión de leer “La infancia de Jesús”, la última entrega del libro que ha escrito Joseph Ratzinger. Se trata de un comentario sobre los pasajes del Evangelio que hablan de la infancia de Jesús. Los cristianos hemos escuchado multitud de veces esos relatos, que han sido acervo común –ahora, menos– de gran parte de la humanidad: la anunciación a María, la huida a Egipto, el portal de Belén, la adoración de los pastores y de los magos… 
   Tantas veces que quizá nos resbalen, y nos suelen a lo de siempre, a catecismo rancio, cuando no a cuento de niños. Eso es precisamente, en mi opinión, lo que contribuye a reparar “La infancia de Jesús”. Benedicto XVI arroja una nueva luz sobre las distintas situaciones y palabras que aparecen en los Evangelios, haciéndonos descubrir “mediterráneos” que jamás hubiéramos sospechado. 
  El Evangelio (esto es bastante evidente para un lector atento, aún agnóstico) dice mucho más de lo que aparente denotan la literalidad de las palabras. Ocurre igual con la buena poesía. Es, al decir del pueblo, un pozo sin fondo. 
  Pero hay que saber sacar el agua de ese pozo, y Joseph Ratzinger, un profundo erudito de fina sensibilidad, es un maestro en este arte.

sábado, 2 de febrero de 2013

"Una temporada para silbar", de Iván Doig

    Acantilado rescata esta vez una relato costumbrista ubicado en el Midwest americano. Se trata de la típica novela yanqui que tiene su paradigma en “Matar un ruiseñor” (Harper Lee), o en “Buena Suerte” (David Baldacci).
   Un viudo tiene que cuidar de sus tres asilvestrados hijos. Aparece una mujer… El relato está trufado de anécdotas, peleas, apuestas y reacciones infantiles que nmos hacen ver cómo la vida campestre es más primaria pero más sana a la vez. Cómo no, surge el “profesor estrella”, que pule con sabiduría innata sus espíritus aún no moldeados.
  Se lee agradablemente, pero no te puedes zafar de la impresión de que lo que ahí se cuenta ya lo viste en la tele, aquel día que quedaste cautivado por el inolvidable personaje de Atticus/Gregory Peck en "Matar a un risueñor".
   Al final, la trama crece en interés, y te haces con los personajes. De todas formas, no hay que buscar grandes pretensiones literarias. Por supuesto, el relato es autobiográfico. No hay más que ver la adusta cara de campesino de que hace gala Iván Doig.