Acantilado rescata esta vez una relato costumbrista ubicado en el Midwest americano. Se trata de la típica novela yanqui que tiene su paradigma en “Matar un ruiseñor” (Harper Lee), o en “Buena Suerte” (David Baldacci).
Un viudo tiene que cuidar de sus tres asilvestrados hijos. Aparece una mujer… El relato está trufado de anécdotas, peleas, apuestas y reacciones infantiles que nmos hacen ver cómo la vida campestre es más primaria pero más sana a la vez. Cómo no, surge el “profesor estrella”, que pule con sabiduría innata sus espíritus aún no moldeados.
Se lee agradablemente, pero no te puedes zafar de la impresión de que lo que ahí se cuenta ya lo viste en la tele, aquel día que quedaste cautivado por el inolvidable personaje de Atticus/Gregory Peck en "Matar a un risueñor".
Al final, la trama crece en interés, y te haces con los personajes. De todas formas, no hay que buscar grandes pretensiones literarias. Por supuesto, el relato es autobiográfico. No hay más que ver la adusta cara de campesino de que hace gala Iván Doig.

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